Compases hacia la edad de oro de los músicos clásicos españoles | EL MUNDO

La sala sinfónica del Auditorio Nacional acoge esta tarde el futuro y presente de la música clásica de nuestro país

Han viajado por medio mundo con la única compañía de sus instrumentos y su pasión por la música clásica, interiorizan cada día las enseñanzas de los mejores maestros de los que aprendieron de técnica y de la vida del músico profesional; extenuante e intensa; absorben cada uno de los aplausos de sus múltiples conciertos como un impulso hacia un futuro que, apenas alcanzando la treintena, ya es suyo. A pesar del éxito de estos cuatro jóvenes, la violinista Leticia Moreno, la pianista Judith Jáuregui, el director de orquesta Andrés Salado y el trompetista Manuel Blanco quizás sean más reconocidos fuera de nuestras fronteras, donde comparten escenario con algunas de las orquestas internacionales más destacadas. Ibermúsica organiza esta tarde en la sala sinfónica del Auditorio Nacional un concierto extraordinario que quiere reflejar el presente y futuro de la música clásica de nuestro país.

Es un reto para nosotros, la orquesta va creciendo en número y en diferencia de timbre, de color, de texturas diferentes hasta luego pasar a música con mucho mas percusión, más étnica, como la música de Ginastera, con mucha fuerza masculina porque representa a los gauchos de la Pampa argentina. Terminamos con la música de Gershwin, que en este caso es ‘Un americano en París‘, música étnica en cuanto a la etnia de los norteamericanos de Broadway. Es como un ciclo que se cierra, porque terminamos con música norteamericana pero muy influida por la europea”, expone Andrés Salado, el director de orquesta del recital y director de la Joven Orquesta de Extremadura.

Los cuatro jóvenes solistas acompañarán a ‘Opus 23‘, la orquesta que puso en marcha Salado en 2012. “Es una locura, al final estos proyectos se convierten en un hijo al que alimentar y te conviertes en empresario cuando tu carrera no va por ahí”, explica el director de orquesta. Salado puso en marcha la agrupación con la intención de crear una orquesta con una personalidad definida, de estructura clara que mantuviese un espíritu joven y fresco para mantener una conexión directa con el público.

Precisamente esta química artista-público es uno de los objetivos con el que se celebrará esta tarde el recital organizado por Ibermúsica en la capital. De hecho, los cuatro artistas coinciden en la necesidad de crear un ‘público nuevo‘ y no necesariamente un ‘público joven‘ entre sus fieles. “Somos muy conscientes de que tenemos que construir nuestro propio publico, el que más escasea en la salas de conciertos, el joven, aun que es verdad que cada vez hay más. Queremos comunicar eso a nuestra generación, no solo a músicos y artistas, sino a un público muy amplio”, cuentala violinista Leticia Moreno, que define su momento profesional como “un sueño”.

Manuel Blanco, Judith Jáuregui, Andrés Salado y Leticia Moreno

Manuel Blanco, Judith Jáuregui, Andrés Salado y Leticia Moreno F.SERRA

Esta joven madrileña de 29 años ya tocaba el violín desde los tres, quizás por eso suele decir que su violín es como una prolongación de su cuerpo. Además, recientemente ha sido nombrada ‘Echo Rising Star‘ por la Comunidad Europea, un reconocimiento que le dará la posibilidad de tocar en 20 conciertos en las salas más importantes de Europa. Parte de su éxito se lo debe al virtuoso violinista ruso Mstislav Rostropóvich. “Una vez saliendo de su casa de Londres me dijo: ‘Tú estás elegida para ser un soldado de la música‘. Y yo siento la responsabilidad de tener que trasmitir, de rescatar ciertas obras”, comenta.

Además de la creación de un nuevo púbico, estos jóvenes artistas también destacan la importancia de la formación del presente y futuro de la música clásica. “Los conservatorios superiores gozan ahora de muy buena salud, hay un poco de miedo con qué va a pasar ahora pero incluso hoy en día los extranjeros vienen aquí a estudiar. Hay conservatorios en ciudades mas pequeñas con profesores buenísimos”, explica Judith Jáuregui. Esta pianista, que está a punto de iniciar una gira en China, se formó fuera y dentro de nuestras fronteras y, al igual que Leticia Moreno con Rostropóvich, su recuerdo se centra en las enseñanzas que el ruso Vadim Suchanov le aportó en el conservatorio de Munich. “Si él hubiese estado en Siberia, me hubiese ido hasta allí. Irme me dio la visión de lo que es la vida pero también de lo que es la música, porque la música se nutre de lo que ves y con lo que creces“.

Fue esta donostiarra la precursora del proyecto que se celebra esta tarde en Madrid. “Nos juntamos para un reportaje y yo nos miraba y pensaba que algo teníamos que hacer, cuatro de la misma generación, con la misma visión de la música… Se lo comenté a Alfonso Aijón, el mayor promotor de música clásica en este país, se lo comenté como un pensamiento en alto, pero enseguida quiso hacerlo, siempre ha apoyado a los jóvenes”, confiesa la pianista.

Las asignaturas pendientes de los conservatorios

Aunque insiste en que prefiere no generalizar, la mirada crítica del director de orquesta Andrés Salado se dirige hacia el apoyo institucional, que califica como inexistente. Aunque considera que las carencias formativas se están supliendo con iniciativas como el grado de música impulsado por primera vez por la Universidad Alfonso X el Sabio, Salado hace alusión a la falta de interés que en ocasiones se profesa desde los centros formativos.

“Es tremendo que vayamos a hacer un concierto cuatro jóvenes artistas en una ciudad en la que hay siete u ocho conservatorios, entre ellos un superior y no sé cuantos medios, y que mucha gente no sepa que vamos a hacer este concierto. Deberían de asistir todos los alumnos”, explica el director de orquesta, “lo que no puede ser es que no este lleno de gente joven, de músicos que pueden ver una meta que alcanzar dentro de este perfil musical. Es una falta de conexión por la falta de preparación, la falta de motivación del sistema educativo musical”.

Haydn, Chopin y Ravel

Las piezas que esta tarde sonarán en la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid, realizarán un “recorrido geográfico y musical por la paleta de colores y estilos que se puede encontrar dentro de la sonoridad de una orquesta”. No será la primera vez que los dedos del trompetista Manuel Blanco, ganador del prestigiosoADR Music Competition de Munich (galardón que no recibía ningún trompetista desde hacía 40 años), toquen el concierto para trompeta en Mi Bemol Mayor de Haydn. Este joven ha trabajado este concierto en multitud de ocasiones e incluso pudo tener acceso al manuscrito del puño y letra del austríaco. “El concierto tardó unos siete años en estrenarse. Haydn añade unas referencias a la trompeta barroca, que empieza con una melodía muy bonita y la trompeta tiene una nota muy larga como una especie de estruendo que interrumpe la melodía”, comenta.

Algo parecido le ocurre a Leticia Moreno con la pieza de Ravel que interpretará al violín: “La aprendí clandestinamente cuando tenia 11 años, a espaldas de mi profesor de entonces, todavía recuerdo la cara endiablada cuando vio que la había aprendido por mi cuenta. Yo tenia un profesor muy estricto en la escuela rusa, debía de ser muy fuerte el deseo y mucho lo que me gustaba esa obra para atreverme a aprenderla clandestinamente“, recuerda la madrileña de la que confiesa es una de sus piezas favoritas. “La he tocado miles de veces pero cada día lo paso mejor tocándola en un escenario”.

Judith también manifiesta su pasión por la pieza de Chopin que interpretará esta tarde: “Es maravillosa. Va precedida de un andante spianato, muy calmado que da mucha paz, es como si los campesinos volvieran de estar en el campo y ese atardecer que te da tanta calidez… La Polonesa en sí es una obra llena de color, de juego, de picardía, es muy expresiva, muy extrovertida“, comenta.

Egos mal controlados, gente que no facilita las cosas, actitudes poco cooperativas… La parte negativa de la que habla Andrés Salado sobre su profesión hizo que a este exitoso director de orquesta se le pasase por la cabeza la idea de ‘tirar la batuta’, sin embargo, confiesa que nunca se lo planteó seriamente, su pasión por lo que hace pudo con todo lo demás. “Yo creo que todos los músicos estamos un poco locos porque pasamos por estados anímicos muy extremos en muy poco tiempo”, comenta. “La de director de orquesta es una de las profesiones más difíciles que hay, la música es un mundo que no te permite parar. Entras en una inercia y si tienes suerte no puede permitirte un día libre porque siempre tienes la cantinela y la música va siempre contigo”.

 

Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2014/06/24/53a85d32268e3e8a2c8b456d.html