ANDRÉS SALADO, BATUTA SIN COMPLEJOS | JET SETera

Fabiola Ocampo/ Fotos: Gonzalo Ibáñez

Nacido en Madrid en 1983 y descrito por él mismo como un joven privilegiado y humilde, pero con ego,  Andrés Salado comparte sin reparo que nunca imaginó que la vida lo pusiera en una peana dirigiendo a las orquestas más sobresalientes de distintos países, aunque la profesión de músico siempre fue su meta: “Nunca me planteé otra cosa más que estudiar música”, asegura el actual Director Artístico y Titular de la Joven Orquesta de Extremadura y de la Orquesta Opus 23, en esta charla con JETSETera.

Su trayectoria recientemente fue reconocida por los reyes de España con el premio Princesa de Girona de Artes y Letras 2016, del cual se siente profundamente orgulloso y asegura llevarlo con mucha responsabilidad. Fue el pasado 5 de octubre cuando el director acompañó a la Orquesta Filarmónica de Querétaro (OFEQ), deleitando al público en la Cuarta y Séptima Sinfonías de Beethoven,  prometiendo regresar dada la entusiasta respuesta del público contagiado por la energía del maestro español.

¿Cuál fue tu primer contacto con la música?

Vengo de familia de artistas, de músicos. Mi madre, tíos y primos son profesionistas que se dedican a lo artístico, a lo creativo, y me fue muy fácil porque desde pequeño yo fui siempre un músico en el colegio. He nacido respirando música, entonces para mí ha sido muy fácil.

¿Cuándo fue que tomaste la decisión de seguir por este camino?

Siempre lo supe, nunca me planteé estudiar otra cosa que no fuera la música. He pasado por diversos instrumentos hasta encontrar la dirección orquestal, he tenido diferentes aproximaciones a la música y hasta que encuentras tu verdadera motivación en la vida te detienes.

¿En qué momento decidiste ser director?

Yo no sabía que quería ser director, yo estaba en el mundo de la música, pero nunca me planteé nada, hasta que en una ocasión tuve la oportunidad de dirigir una orquesta en un campamento musical de verano.  Esa experiencia de dirigir a un grupo de personas, de  encontrar energía, la comunicación con la batuta, me enamoró. También tuve la oportunidad de ser asistente en una orquesta juvenil en España, cuando aún no iniciaba mis estudios, y aquello se me metió en mi sangre como si fuese una droga y desde entonces no he podido salir y he empezado a estudiar y ahora he tenido la suerte de dedicarme a esto.

“La música no se habla en ruso, francés o alemán; la música es un lenguaje que nos habla de energía”

¿Haces algún ritual antes de subir a tu peana?

Soy un poco supersticioso, creo que los artistas somos especiales, tenemos nuestras manías. La semana en la que dirijo procuro comer diferente, una dieta con más nutrientes, fruta, verduras y, antes de salir al escenario, me gusta comerme un plátano y un chocolate. Soy un freak de la colonia, la froto en mis manos, la huelo y salgo al escenario.

¿Cuáles son las aptitudes que se requieren para ser un buen director?

Es una profesión muy complicada, de extrema responsabilidad, la gente cuando imita a los directores siempre mueve los dedos y se preguntan “¿qué es lo que hace un director si ellos tocan sin mirarlo?”, se tiende a infravalorar una profesión que va mucho más allá que el propio acto de dirigir. La inteligencia emocional, la capacidad de empatía, esos son perfiles humanos imprescindibles para un gran líder, la capacidad de retórica, la comunicación, alguien que propone no que impone, y los aspectos técnicos. Un director de orquesta es un músico que tiene mucha información.

Tú que has trabajado con músicos de muchas partes del mundo, ¿qué los une?

Es curioso, la música no deja de ser un lenguaje universal. Nosotros no entendemos de palabras, nuestras palabras son las notas, las afectividades y colores que produce una canción cuando la escuchas. Los canales de emotividad que te produce el efecto musical, el fenómeno musical, es lo que nos une a todos los músicos. Al final la música no se habla en ruso, francés o alemán, la música es un lenguaje que nos habla de energía.

¿Hay alguna obra que te asocie a algún recuerdo?

Definitivamente todas, es como las primeras veces; la primera vez que te sacas el carnet de conducir, la primera vez que tomaste el auto, el fenómeno musical es algo parecido; la primera vez que te enfrentas a una obra no la olvidas, por lo menos yo en mi corta vida no lo he hecho. Para los directores jóvenes es como si estuviéramos perdiendo la virginidad con obras nuevas, no tenemos el bagaje de los años y la experiencia. En el concierto que dimos en Querétaro me enfrenté a dirigir por primera vez la Cuarta Sinfonía, y creo que siempre recuerdas las primeras veces con las ciudades donde has dirigido, se generan vínculos muy bonitos, se crean micromundos en cada obra que uno dirige.

Le preguntamos a Andrés si tiene otros gustos musicales distintos a la música clásica, y su respuesta nos sorprendió un poco… aunque también nos deja ver la apertura y avidez por nuevas experiencias…

A mí me gusta Despacito, aunque no es música profunda y compleja, pero toda música tiene su función en la vida. Soy un gran fan de Muse, Rolling Stones, Sigur Rós, me encanta el jazz, me encantan los musicales, también soy un gran lector, me gusta la montaña, el futbol, yo jugaba muchísimo futbol. Disfruto todo tipo de música, he tocado con grupos de pop, rock, con los fenómenos de Operación Triunfo… Todo te alimenta.

“Me gusta Despacito, aunque no es música profunda y compleja, pero toda música tiene su función en la vida…

¿Cómo te describes?

Soy humilde pero con ego, complicado, solitario, y soy una persona que disfruta mucho la vida, siento que la vida es corta, y me siento privilegiado.

¿Qué significa para ti haber recibido el premio Princesa de Girona?

Es un premio muy importante enfocado a los jóvenes que aportan algo en la sociedad, yo llevo este premio con muchísimo orgullo, más en este tiempo que vivimos en España. Llevo este premio con responsabilidad porque me gusta acercar la música a la gente, intentando buscar proyectos para la gente joven.  Este premio me anima a seguir creciendo y amando esta profesión.