La música que sale de las manos del director de orquesta Andrés Salado brota de la vida, se disuelve entre sus dedos y lleva a los espectadores hacía el pensamiento profundo

En España la música no tiene la misma consideración que la pintura o la literatura. Sin ir más lejos, si un profesor de instituto no ha ido nunca al Prado a conocer las pinturas de Goya lo disimula. Pero, sin embargo,  si nunca ha escuchado nada de Mozart, lo reconoce ates sus congéneres y se queda tan fresco.

 

La música que sale de las manos del director de orquesta Andrés Salado brota de la vida,  se disuelve entre sus dedos  y lleva a los espectadores hacía el pensamiento profundo. Esta noche nos ofrece un Mozart lleno de expresividad lírica, de reflexión sosegada de la vida. No le hace falta batuta. Dirige con las manos. Manos que se muestran al ojo del público como inteligentes, sólidas, con criterio. De sus manos la OSCyL nos ofreció un Mozart lleno de colido sonoro, sereno, impecable.

 

Y llegó Beethoven con su Romanza de violín y orquesta. Lucas Macías, que le tocaba dirigir esta pieza, cuando subió a la tarima, silenció al público y a los intérpretes de manera natural, sin aspavientos. Ese silencio,  como el  que se produce en el cielo cuándo los pájaros atisban  un gavilán, conmovió a los espectadores y marcaron sus señas de identidad. El contenido emocional  venía de la música  del violín de Patricia Cordero de manera que sobraba cualquier aspaviento.

 

François López-Ferrer, de casta le bien al galgo, propició los momentos más íntimos del concierto homenaje a su padre. Su Brahms sonó espontáneo permitiendo a los oyentes que buscaran la belleza por su cuenta, a su libre albedrío. Se le nota equilibrado y eso  hace que la música que suena sea equilibrada.

 

Jordi Casas como siempre en su línea. Voces e instrumentos al servicio de la música buscando cada una de ellas diferentes formas de expresión y Casas permite, facilita que las dos sean interesantes.

 

Estamos por tanto, ante la Quinta de Andrés Salado, una generación de directores de orquestas que convierten los auditorios donde dirigen en una especie de ciudad extranjera, en un espacio musical donde poder disfrutar  y dar rienda a la imaginación ya la acústica de la Sala Sinfónica Jesús López Cobos se encargar de generar sentimientos.

 

Valladolid. CCMD. OSCyL. Homenaje a Jesús López Cobos. Abono temporada.3 Sala Sinfónica  Jesús López Cobos. Directores: Andrés Salado, Lucas Macías, Jordi Casas y François López-Ferrer. Violín: Patricia Cordero. Coros de Castilla y León.

 

Fuente: https://www.tribunavalladolid.com/noticias/la-quinta-de-andres-salado/1542384591.amp